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martes, 28 de enero de 2025

CÓMO NACIÓ SARAHÍ

 


Si no te amas a ti mismo, ¿cómo diablos vas a amar a alguien más? RuPaul

En jean y con el torso desnudo, Daniel Moreno revuelve las lentejuelas y las plumas en su pequeño taller de La Tola Alta, en la parte antigua de la casa familiar. Esta casa, de escaleras estrechas y pisos de madera, guarda los recuerdos de un adolescente que enfrentó el abandono, el dogma religioso y un despertar sexual confuso, secreto. Y pudo con todo.

Daniel, de 47 años, mira el pasado con humor pero sin esconder las cicatrices. Espejo y pincel en mano, perfila los rasgos que lo transforman en Sarahí Bassó, el personaje con que ha protagonizado más de cincuenta obras de teatro en veinte años de trabajo. La piel trigueña se oculta bajo pintura y escarcha. “Se nos enseña que el hombre tiene que ser hombre y la mujer, mujer. No caben las medias tintas, e incluso entre los mismos homosexuales está mal visto. Les asusta la feminidad”.

En Don Rosales y la solitaria Margarita, obra estrenada el pasado marzo durante el Día Internacional de la Mujer, Daniel salpica a sus personajes con aquella violencia que conoció siendo el tercero de cuatro hermanos varones: “Mi papá, que siempre fue muy machista, nos abandonó cuando yo tenía trece años. Como niño sufrí su maltrato y aún no lo he llegado a superar en muchos sentidos”, confiesa; y recuerda que sus primeros enfrentamientos contra el sistema se dieron al tratar de adoptar el apellido materno.

“Daniel Moreno es mi seudónimo, en honor a mi abuelo y a mi madre. En la cédula soy Byron Daniel Llanganate. He intentado hacer ese trámite (cambiar legalmente su nombre), pero me he encontrado con abogados que dicen: cómo va a rechazar el apellido de su padre”.

Mientras lidiaba con la ausencia de su padre, Daniel ya se percibía diferente: “Ahí entró, además, el tener una madre que se crio en un convento. El machismo y la parte religiosa radical asustan. No puedes hablar de sexualidad. Te sientes mal porque no eres normal. No podía venir a contarles porque jamás lo hubiesen entendido, y les cuesta —todavía— entender”.

A los catorce años aprendió a mantener la cabeza alta mientras bajaba por la escalinata del colegio Mejía. Su primer enamorado lo esperaba en su auto, a la salida de clases, y sus compañeros lo despedían con gritos e insultos. “Él me hizo perder la vergüenza, porque era capaz de enfrentarse a la sociedad. Después se dejó llevar por esa misma sociedad y se casó. Al final me dijo: vive por los dos. Dicho y hecho, he vivido como por diez”.

“Siempre fui muy rechazado y era buen puñete. Me tocó aprender. Tenía muchas amigas trans; estamos hablando de los años ochenta, esa comunidad que era aguerrida, no se dejaba abusar. Ellas me enseñaban pelea callejera sucia y en el colegio eso me sirvió, porque a veces me caían tres o cuatro encima, para ver si a punta de golpes se me quitaba la mariconada”.

Para cuando alcanzó la mayoría de edad ya había empezado a trabajar como actor en comerciales de TV y colaboraba con la Sociedad Gay (SOGA), la primera organización que impulsó la despenalización de la homosexualidad en el país. Fue entonces que salió de casa.

“Mi mamá se enteró por un admirador-acosador. Yo recibía una capacitación para dar talleres de cerámica. Este señor, que era el inspector de área, se obsesionó conmigo y yo no le hacía caso. Salí a hacer la rural en El Empalme y él empezó a llamar por teléfono a la casa, como loco.

Justo cuando iba a cumplir dieciocho años, mi mamá me soltó la sopa. Me dijo: si tú me dices que es mentira, yo te creo; y le dije: no, es verdad, soy homosexual. Lloró, se puso supermal, me dijo: ay, es que después vas a terminar vistiéndote de mujer, y ahora, pensándolo…”, deja la frase inconclusa, ríe, y pinta el rubor en las mejillas de Sarahí.

—¿Cómo nació Sarahí?

—Apareció por casualidad. El arte drag lo había estudiado años antes, pero nunca fue mi intención hacer drag queen. Empecé en el Dionisios como director de teatro, y con mis compañeros recibimos unos talleres con Diego La Hoz, en 2000. Como resultado se creó la obra Travesturas. El día del estreno, el actor que interpretaba el personaje drag de la Bruja Casilda no pudo llegar a Quito. No me quedó otra opción que reemplazarlo y subirme en los tacos. Y no me volví a bajar.

Daniel arrancó su carrera en el teatro como diseñador de escenografía y utilería; y estudió actuación en los talleres que Christoph Baumann y Tamara Navas dictaban en la Asociación Humboldt. Trabajó, además, con María Escudero y Leonardo Ramos, como vestuarista y escenógrafo del Grupo Saltamontes.

En 1994 llegó a Europa siguiendo a un amor. Allá se involucró en el trabajo social en una fundación en Valdepeñas, España, que brindaba asesoría jurídica a los migrantes. Luego descubrió los talleres de artes escénicas de Televisión Española, en Madrid, y se especializó en vestuario, escenografía y maquillaje para teatro, cine y televisión. Así conoció el drag.

“Se piensa que ser drag es vestirse de mujer, y no. Es un personaje estructurado; debes tener capacidades interpretativas y madurez como actor y como ser humano para entenderlo”. Con José Luis Bañón, su profesor e intérprete drag, rodó por los bares de España como ayudante de vestuario: “Fue impresionante ver las transformaciones. Él y su esposa tenían una combi; fuimos de show en show, de discoteca en discoteca, durante seis meses”.

De vuelta en Quito, en 1998, cuando en las calles del Centro Histórico vibraban la euforia y la rabia por la despenalización de la homosexualidad, en la Manuel Larrea se abrieron las puertas de Dionisios Bar. Manuel Acosta, pareja de Daniel en ese momento, le cedió el segundo piso de la casa de sus padres para crear “un espacio para la comunidad LGBT fuera del clásico sitio de ligue o encuentro sexual; un lugar donde disfrutar de otro ambiente”. El atractivo de su propuesta terminó por cautivar a artistas que dieron con el bar por casualidad y lo convirtieron en su escenario.

En una carpeta que empezó a organizar a inicios del confinamiento, Daniel guarda con celo las invitaciones, entradas y recortes de prensa que prueban la bonaza de esos primeros años, cuando la reticencia de un barrio tradicional hacia “la nueva maricoteca” mermaba de a poco gracias a las buenas reseñas que semana a semana llenaron los diarios.

El Dionisios fue anfitrión de obras como Versos de sal y canela del grupo Entretelones y La verdadera historia de Caperucita Roja del Teatro del Cronopio. “Muchos arrancaron sus carreras con nosotros, porque fue uno de los primeros escenarios, fuera del típico espacio teatral, que les dio apertura. Nunca poníamos peros al artista, la idea era exhibir su trabajo y crear público para ese tipo de obras”.

Con el nuevo milenio, Dionisios arrancó su etapa de creación, de exploración escénica como motor creativo, pero el primer gran obstáculo llegó al optar por el drag como forma de expresión: “Fue muy fuerte encontrarme con Sarahí. Gracias al drag se conoció mi trabajo en el mundo actoral y fue difícil, recibí rechazo incluso de los mismos clientes, porque la comunidad gay es bastante transfóbica. Al crecer en una sociedad machista, que invalida a la mujer, no se te permite tener rasgos de sentimentalismo o feminidad”.

Sarahí, inspirada en Miss Piggy, su personaje favorito de Los Muppets, y en el look de la ídolo del drag estadounidense, Divine, fue moldeada “como una herramienta de trabajo, porque el drag te da cierta licencia para hablar de ciertas cosas. Los drags son políticos, sociales, y eso a mucha gente le asusta”.

Uno de sus personajes más memorables, La Paca, toca con humor en su monólogo el factor drag queen que incomoda al público: su osadía al interpretar lo femenino. “Ser bonita cuesta, y hartísimo”, dice. Contonea su abdomen y añade: “¿Por qué tendremos metido en la cabeza que ser flaco es sinónimo de belleza? No solo en el hueso hay sabor, también en el chicharrón. Me costó mucho aprender eso, yo solía dormir en el parqueadero, esperando que me roben las llantas”.

Fuera del personaje, Daniel aclara: “Los drag queen vemos lo femenino desde la parodia y para algunos eso es doblemente aberrante, porque encima me estoy burlando de la mujer, y no es así. Es una caricatura de tu lado femenino, juegas con la heteronormatividad, la homosexualidad y la feminidad”.

A este atractivo se sumaron elaboradas puestas en escena, en las cuales Daniel explotó sus conocimientos técnicos y su ingenio en la creación de sistemas de pirotecnia, caída de lluvia, bolas de fuego y extractores de humo, que transformaban la tarima de cuatro metros cuadrados en incendios o aguaceros en cuestión de segundos. “Lo llamaban el micro-Broadway del Ecuador”.

“Se piensa que ser drag es vestirse de mujer, y no. Es un personaje estructurado; debes tener capacidades interpretativas y madurez como actor y como ser humano para entenderlo”.

En su taller, desde lo alto de la pared, una escultura de Sémele observa a su creador. De la diosa griega —esculpida por sus manos— que daba la bienvenida a los visitantes del Dionisios, Daniel solo conserva el rostro, y es uno de los pocos tesoros que logró rescatar luego de su cierre, en 2015. “La mitad de la casa fue herencia y la otra mitad fue comprada, porque era de los papás de Manuel. Y Manuel y yo nos hicimos pareja.

En 2003 el padre vendió a la pareja su parte de la propiedad. Daniel invirtió el capital entero de Dionisios y Manuel firmó las escrituras. En 2009, con doce años de relación, estuvieron entre las primeras parejas en formalizar la unión de hecho en el país. Tres años después, cuenta Daniel, los problemas de drogadicción de Manuel los separaron. Para 2015, sin haberse separado legalmente y a sus espaldas, Manuel firmó la venta de la casa, con el bar incluido.

A inicios de mayo, una noche antes del Día de la Madre, un operativo policial irrumpió en el Dionisios, donde, por la hora, solo quedaban él y un grupo de amigos. Lo encerraron en la cocina y a sus colegas los sacaron a rastras. Daniel escuchaba los gritos y el clic de las fotos cuando los agentes encontraron las “evidencias” de un supuesto crimen: bolsas de cocaína y armas convenientemente arrojadas en el piso, a plena vista.

“Entonces se me acerca un policía y me dice: esto que le están haciendo es porque usted les está estorbando”. Los compradores de la casa eran los dealers de Manuel, y lo querían fuera.

Daniel pasó veinticuatro horas preso, acusado de escándalo público, narcotráfico, portación de armas y de utilizar el Dionisios como fachada para una red de prostitución. Con el respaldo de figuras notables del gremio artístico, logró limpiar su nombre ante la justicia. Cuando pudo volver a su departamento, en la planta inferior del Dionisios, se encontró con que la mayoría de sus pertenencias había desaparecido. Mientras el juicio contra Manuel avanzaba con lentitud, los nuevos dueños de la propiedad empezaron a desmantelar el bar sobre su cabeza.

El estrés le provocó una trombosis craneal que le dejó secuelas motrices y lagunas mentales. Apenas comenzada su rehabilitación, el 6 octubre de 2015, los compradores de la casa presentaron un documento, firmado por Manuel, en el que declaraba que había recibido el monto total de la venta. El 19 del mismo mes Manuel murió de una sobredosis. Daniel asegura que aquella firma era falsa. El caso se cerró sin más investigaciones.

Cinco años más tarde, Daniel volvió a entregarse al escenario. Dionisios Arte-Cultura-Identidad es, ahora, un proyecto itinerante. De vuelta al teatro callejero y en los espacios comunitarios, ha aprovechado para revincularse con la educación y la sensibilización de públicos en los sectores marginales con charlas de educación sexual y puestas en escena enfocadas en la diversidad sexo-genérica, los derechos sexuales y la lucha contra toda forma de violencia.

En 2017 recibió el Premio Patricio Bravo Malo, entregado por el Municipio de Quito a los activistas LGBT. Actualmente trabaja en la producción de un documental y la apertura de una escuela drag, ambos proyectos dedicados a recuperar la memoria de Dionisios y la lucha por los derechos LGBT en el Ecuador.

“Todo cambia; a pasos lentos, pero está cambiando. Estamos dejando atrás esas imágenes que nos llevaban a pensar que ser diferente era malo, cuando simplemente es otra forma más de amar”, dice La Paca al final de su nuevo montaje en formato online. No hay público ni aplausos, pero hay pasión.

domingo, 30 de octubre de 2022

EL ARTE DRAG EN ECUADOR EN SU MÁXIMA EXPRESIÓN

                                                    

Las tablas, las calles, lugares al aire libre y espacios más cerrados serán los escenarios de personajes exuberantes y de personas que nos muestran la parte extrovertida del ser humano.

Ellos son verdaderos artistas y están expuestos ante diferentes miradas del mundo, diferentes por
(el asombro, las interrogantes, el encanto, la identificación, la novedad, la curiosidad, y la admiración), que nos entrega el Arte Drag Queen. Es un arte que impacta definitivamente, y es
que cuando estas frente a ellos o los miras pasar, simplemente captan toda tu atención.

Los atuendos y el maquillaje del Arte Drag serán trabajados con mucha creatividad y exageración. Aunque como dirá Rafael Eduardo, persona gay   – Aquí en Ecuador la gente no se atreve, se cohíbe en muchos aspectos de la vida-. Dice que la gente se asusta y se coarta más. No se atreven a decir “aquí estoy”.

Ha sido un trabajo de casi 18 años aquí en el Ecuador y a pasos lentos se ha desarrollado y han surgido diversos espacios para sensibilizar y mostrar a la gente lo que se entiende como Drag Quen. Saraí Bassó una de las iniciadoras y fundadoras del Arte Drag, con quien tuve el agrado de compartir
unos minutos enriquecedores y de hacer un repaso amplio de lo que representa el Arte Drag nos contará lo siguiente:

El Drag por lo general es una caricatura del lado opuesto del actor, trabajamos el humor, la dualidad y
la diversidad dentro de un mismo ser. Afirmará que es necesario que un Drag Queen maneje y conozca las artes escénicas: Actuación teatro, baile, maquillaje, modelaje- Los personajes serán entonces bufones de aspectos cotidianos de la vida y al mismo tiempo rompen con las nociones tradicionales de los géneros binarios y los roles que juegan los mismos dentro de la Sociedad.

Saraí afirma que un Drag Quuen no necesariamente es homosexual, esto debe quedar clarísimo, para que no haya confusiones de género con las personas que pertenecen a los transgeneros y los travestis.

Muchas personas en el mundo entero y los heterosexuales disfrutan del espectáculo que ofrecen los Drag Queen. Sin embargo es lamentable que los espacios se reduzcan a bares o discotecas, “tontodromos, los closet con música, video-clubs” así nombrará Saraí Bassó a los lugares en donde
mucha gente solo va a liberarse un poco de su grado de homosexualidad.

Entonces con esto lo que hacen es más bien reforzar los estereotipos, es estar un rato fuera del Closet, pero dentro de otro closet. Lo que hace ésta comunidad diversa, es cultura, y lo que se requiere justamente es reforzar el tema cultural y la inclusión social.Y es en este punto en donde Los Drag Queen reclaman espacios más públicos para su expresión artística.

Saraí Bassó confiesa que tienen varios tropiezos por parte de las autoridades. Ellos muchas veces
necesitan auspicios y presupuesto para sus presentaciones. Pero la respuesta es “no hay presupuesto, el proceso está en transición”. Pero en realidad nunca llegan a apoyar o a respaldar al arte, y no
necesariamente hablando desde la temática Drag, sino respecto a muchas artes. – Porque ahora o tienes que ser un pacha mama o un pacha algo…,para estar dentro de- es lo que comentó al
final de la entrevista Saraí Basso.

Es importante entonces hacer un trabajo de sensibilización a quienes practican este arte y a quienes saben o quieren conocer lo que es el Arte Drag, porque va más allá de la parafernalia escénica, el maquillaje el verse bonita. Los Drag Queen también manejan un discurso, y lo que se busca es
sensibilizar a la gente en diferentes formas: hecho social, económico, cultural. Trabajar también el aspecto humano – El cómo te ves, y como te ve el resto de personas, como te calificas
como ser humano, y el ser aceptado por sí mismo- Saraí Bassó concluirá afirmando que ¡el trabajo como artista Drag no está encaminado hacia la Comunidad Gay, la comunidad gay es gay y
punto! Está encaminando hacia las nuevas generaciones, jóvenes, padres, familias. Desde esta mirada hacia las futuras y nuevas generaciones es casi seguro se crean las bases desde las juventudes, estos movimientos al mismo tiempo van creciendo con ellos y de esta manera se crearan vínculos,
no solo laborales sino amistosos.

El arte drag queen nace hace más de 15 años. Cinco personajes entre actores y bailarines experimentan este arte como un proyecto de estudio artístico, dándose cuenta que es una alternativa de puesta en escena muy completa ya que requiere de estudios en maquillaje, modelaje, teatro y baile.

En el transcurso de estos años, estos actores han sido invitados a festivales de teatro, festivales
organizados por el ministerio de las culturas, foros de género universitarios, foros municipales
provinciales, etc. Así como se ha realizado espectáculos a nivel nacional e internacional en diversos
escenarios heterosexuales y gays del país. Un ejemplo es la elección de las
reinas Drag Queen cada año.

FUENTE: PERIÓDICO UNIVERSITARIO “UNIDOS”
Información sin exclusión
Responsables: Soledad Dueñas, Jessica Piarpuezan, Karla Palacios

viernes, 1 de mayo de 2015

Making of CRIATURAS ABANDONADAS



En este capítulo podrán conocer a otro personaje de la película Criaturas Abandonadas. Marcela Rueta interpreta a Graciana. También podrán apreciar a Daniel Moreno con su espectáculo de Drag Queen.

El acto de Daniel Moreno fue filmado a las 3 de la mañana con tremendo frio.

Making of realizado por Gabriela Karolys